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Miguel Ángel Remiro
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En 2003 la editorial “Flamenco-live” me encargó que escribiese un cuaderno de piezas flamencas para piano ante la inexistencia comercial de un repertorio de ese tipo.
Así nació “cinco piezas flamencas para piano” que a día de hoy es el único álbum de piezas flamencas para piano (con repertorio actual, en el s. XIX hubo muchas colecciones de este tipo) que se puede encontrar en el mundo. A partir de ahí y dado el interés surgido en todo el mundo por la publicación, me planteé la posibilidad de cumplir un sueño musical y muy personal; formar un “Ensemble” con la idea de unir dos tradiciones musicales nunca totalmente separadas en España; la culta y la popular.

Mi vida musical ha transcurrido entre el jazz, el flamenco, el tango argentino y la música popular en general por un lado y la música clásica o seria, o como se la quiera llamar, por otro. Siempre he pensado que la música clásica representaba lo apolíneo frente a lo dionisiaco que sin duda impera en cualquier música popular, y siempre he creído en la necesidad de unir esas dos fuerzas que considero complementarias, siguiendo la máxima de Ortega, “ la vida inculta es barbarie, pero la cultura desvitalizada es bizantinismo”.

La intención era la de crear una música española del s. XXI, siguiendo la estela de músicos que como Albéniz y Falla utilizaron a principios del s. XX esas dos tradiciones para crear su música. Ya en mis tiempos de estudiante de contrapunto escribí la fuga, “Fuguerías nº1-fuga por bulerías” (para sorpresa de mi entonces profesora de contrapunto) y al formar este ensemble decidí seguir esa senda que yo mismo me había marcado cuando escribí aquella fuga. Sería pecar de desagradecido si al hablar de este proceso inspirador, no volviese una mirada agradecida a Astor Piazzolla.

De Piazzolla tomé dos cosas, primero el ejemplo. Como el decía “había muchos que querían renovar en tango, pero les faltaba o estudio o talento”. Ese consejo me llevó a estudiar composición con verdadera pasión con miras a su utilización posterior en mi propia visión del flamenco. En cuanto al talento es algo sobre lo que yo no puedo decidir. Otro de los aspectos en los que me serví de la obra de Piazzolla fueron sus arreglos para formaciones de cámara.
Principalmente en los de su último quinteto y en especial en la organización rítmica de la polifonía, técnica que si bien no he utilizado literalmente por la lejanía evidente entre el tango y el flamenco, si que me sirvió de modelo para posteriormente desarrollar mi propia escritura en este terreno.

Mi amor por el flamenco y la excusa de la publicación de esas piezas para piano me dieron la ocasión de materializar una idea que ya me planteé hace muchos años.
Crear una música que en la escritura estuviese dentro de la estela de la tradición culta europea y al mismo tiempo que le devolviese la vitalidad que la bizantina “música contemporánea” le había arrebatado.

Así es donde el flamenco tenía su papel y su fuerza. Con esto no pretendo sino continuar un dialogo que durante más de cinco siglos ha sido particularmente fértil y que nunca debía haberse interrumpido; el de la música popular ibérica con la música culta europea.

Diálogo que ha mostrado sobradamente su fecundidad hasta la fecha.